
Primer van ser els grecs, després van arribar els romans, i des del primer imperi que va colonitzar aquesta costa fins ara, deixant enrrere més de 2000 anys d´història, sota el mantell blau han hagut els mateixos protagonistes.
Desafiant temporals, l´escullera construida fa més de dos mil.lennis davant les ruïnes de la gran ciutat grega, Emporion, més trard dita pels romans Emporiae, encara mostra el poder del domini marítim de les antigues civilitzacions.
Les espècies marines, alienes als canvis que comporta el pas dels temps, segueixen vestint la mateixa pell brillant, seguint els mateixos costums que el dia en que le primer barco grec va fondejar en una d´aquestes precioses cales de l´Empordà i on ara, amb els meus companys, ens capbussem.
La mirada aparentment ferotge del pop ens observa. La seva proverbial curiositat el porta a passejar els seus tentacles sobre els nostres (per ell) extranys caps, tot provocant una situació força còmica.
La resta d´habitants submarins són també els habituals: salpes, espàrids, sards... i un parell de llobarros que ens miren preguntant-se què fem al seu territori.
david fluxà, argonauta.


llobarros

salpes

octopus


parablennius pilicornis

vidriada, variada.

Si haguéssim de buscar un reducte on el silenci substitueix la cridòria, un lloc on l´home caminés sense donar-se empentes amb els seus companys de viatge, un racó sense envejes ni rancúnies; tot plegat un món encara per colonitzar... ho trobaríem sens dubte sota el gran mirall blau. Un mirall que hem tingut durant milions d´anys davant els nostres nasos i la gran majoria de persones només han vist reflexat el seu rostre i han trencat aquesta plana serenor per llençar tot el que no volen tornar a utilitzar.
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Potser sigui millor que que el món submarí segueixi sent un indret llòbrec i ple de misteri per a molts. Potser millor que la gran massa blava de tant en tant ens mostri el seu fort caràcter, marcant d´aquesta forma una frontera psicològica als agosarats que no la comprenen, tot fent una selecció natural de les espècies terrestres que proven de trucar a la seva porta i traspassar-la.
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Tot això fa que els pocs argonautes que passejen de puntetes sota la seva humida pell se sentin visitants privilegiats dins d´un jardí prohibit.
david fluxà.


Quan la temperatura de l´aigua de mar comença a estar al llindar de l´època estiuenca, algunes espècies com la dorada (sparus aurata) fan 'entrada' en aigües poc profundes. Aquest terme és utilitzat pels pescadors en referir-se a la aproximació de peixos als primers caus que troben després d´abandonar la freda profunditat.
A la seva nova llar hi troben força menjar, però el primers moments de la mudança fan que es produeixen fets curiosos com el de la imatge inferior, en que les dorades s´amaguen al primer racó que veuen encara que la major part del seu cos quedi exposat als depredadors grans. Potser és un periode d´aclimatació a la nova temperatura? la resposta és difícil, però és un fenòmen que he observat en diverses espècies de peix blanc:
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També una vegada més hem pogut observar el refugi de l´escòrpora (rascaci), depredador totalment quiet a l´espera de que algun peixet despistat passi pel davant i sigui engolit per la seva gran boca:
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Finalment he tingut la grata sorpresa en tornar a trobar una nacra jove (pinna nobilis), el que vindria a ser, en termes profans, un "musclo gegant" (buscar post "una perla marina en el fondo de Barcelona"); en apropar-me, tanca les seves valves en forma de defensa.
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david fluxà

Cuando ya hemos observado detalladamente el fondo rocoso, tembién se pueden tomar buenas imágenes de las especies que acostumbran a moverse en el fondo de sustrato fino o arenoso.
El góbido gobius bucchichi acostumbra a la perfección sobre el tono claro de la arena y de esta manera puede escabullirse mejor de sus depredadores.
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También el mollet o salmonete, mullus barbatus, llamado así por sus barbillones los cuales utiliza para barrer todo el fondo i buscar restos de comida o pequeños crustáceos. En las imágenes, el ejemplar tiene sus barbas recogidas en su vientre porque en el momento de tomar la foto estaba tomándose un descanso.
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Es un pez que, a veces, lo podemos encontrar en grandes cantidades pegado al fondo y totalmente inmóvil. En cambio, cuando estan en movimiento, guardan mucha distancia con el buceador.
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En el momento de salir del agua, fotografia un grupo de alevines de salpa, que se mueven inquietos en la superficie, expuestos a que el pez grande se coma al pequeño.


Estos días por fin he iniciado la temporada de fotografía submarina en apnea. A pesar de que la temperatura todavía está a niveles hivernales, ya se empieza a notar movimiento bajo el espejo de la superficie. Grandes grupos de pequeños espáridos indican que el periodo de freza ha acabado con relativo éxito y la cadena de supervivencia marina sigue su curso.

La visibilidad del agua en la zona de buceo del Fòrum de Barcelona no es buena para la filmación y la 'caza' fotográfica, pero al cabo de un rato de paciencia algunas especies se dejan encuadrar por el objetivo de mi cámara. Como siempre que penetro en el fondo marino, siento que soy un explorador intruso en un planeta indómito. Los peces de costumbres bentónicas como el serrano que podemos ver en la imagen se acerca, aunque se siente amenazado por esa criatura vestida de negro, que le observa con un misterioso ojo mecánico. Al ser muy territorial, insiste en intentar entrar en su refugio rocoso a pesar que mi cuerpo oculta la entrada de forma intencionada para poder inmortalizarlo.

También, una vez más, la familia de los blénidos (parablenius philicornis), posa ante la cámara con su proverbial curiosidad. Su cuerpo se mimetiza a la perfección con el sustrato submarino.

Termino mi jornada de buceo acercándome a visitar el pulpo que voy saludando en mis últimas inmersiones. Un apreciable ejemplar de octopus el cual sale de su cueva para estirar una de sus patas y, de esta forma, tantear el tacto de mi guante de neopreno, como si quisiese darme la mano. Cuando lo acaricio, suelta una dosis de tinta y se esconde... pero dejando la puerta de su casa (fabricada con varias piedras a modo de parapeto) abierta para seguir jugando al juego del gato y el ratón. Poco después vuelve a salir, alargando el mismo tentáculo, como si estuviese a punto de exclamar la frase: "¡la llevas!" (ver enlace del video).
video submarino: http://www.vimeo.com/22484602

Me despido de mi compañero de juegos hasta otra ocasión, rogando al dios poseidón que lo conserve entero para que siga allí en mi próxima visita.

Hacía tiempo que deseaba fotografiar una especie bastante común en nuestras costas pero que, debido a sus costumbres pelágicas, no la encontramos en todos nuestros recorridos submarinos. En una de mis plácidas tardes de solaz veraniego, cuando la superficie de la mar imita la plomiza cara de un espejo y las gaviotas chillan reclamando comida, me sumergí y logré acercarme a ellos. Se trata de la Serviola o seriola dumerilii, del orden de los carángidos, un pez que tambien es conocido por otros nombres dependiendo de la zona costera donde nos encontremos: Pez Limón, Servia, Medregal, Lexa... Podemos encontrarla si nos separamos un poco de la rompiente, cuando el agua está a una temperatura estival, se acerca en grupo apareciendo entre dos aguas sobre el fondo arenosos o moviéndose armoniosamente sobre los bajos rocosos. Su carne es muy blanca y sabrosa, dejando un sabor en el paladar difícil de olvidar.

Los pescadores deportivos, tanto de superficie como submarinos, disfrutan mucho en su captura, pues es una especie que lucha mucho cuendo se siente atrapada, llegando incluso a realizar grandes saltos fuera del agua.
Los ejemplares de las fotografías son todavía jóvenes, pero las serviolas llegan a alcanzar tamaños muy apreciables, siendo unos grandes depredadores los cuales pueden llegar a medir 2 metros de longitud y pesar más de 50 kg. Esta especie es muchas veces confundida por el "palometón" o palometa, pero se trata de dos peces muy diferenciados en cuanto a costumbres, forma y tamaño.


Si hay un lugar de la costa catalana que aún conserva la auténtica esencia mediterranea es la Cala de l´Estany Tort, un poco al norte del mapa costero del municipio de l´Ametlla de Mar. Verdes pinos que buscan acariciar la superficie del agua, cuyas ramas están moldeadas por el fuerte viento de mestral que azota esta preciosa zona, y parecen inclinarse respetuosamente, arrodillarse ante el poder del inmenso Azul. El aire desprende aroma a restos de vegetación marina, la fina arena nace en la base del bosque de pinares y se pierde bajo las olas que golpean sin descanso la frontera entre los dos mundos.

Pero lo que sí se hace difícil de describir en palabras, es lo que oculta el fondo marino. Me sumerjo bajo su plateado espejo con la simple ayuda de mis aletas y mis pulmones, planeo sobre las pequeñas dunas que forma el oleaje en su capricho y me encuentro con un vuelo de mabras, lithognathus mormyrus, también conocida por el nombre de "herrera" fuera de nuestras costas; una especie que buscaba fotografiar con detalle desde hacía tiempo.

Es un pez de color claro con franjas oscuras verticales que le dan un aspecto atigrado. Busca hábitats arenosos y escarba con su boca el fondo fino en busca de crustáceos y gusanos. Su carne es exquisita y es una especie muy buscada entre los pescadores deportivos de caña. Tiene la particularidad de guardar un parásito comensal dentro de su boca el cual se aprovecha de los restos de comida para alimentarse.

Sigo avanzando en mi recorrido submarino y llego hasta la pradera de posidonia (ver post: "posidonia, la planta de los dioses"), que me saluda con el vaiven de sus largos tallos verdosos. Me escondo tras un gran matojo y fotografio un grupo de espáridos que juega entre dos aguas, concretamente un cardúmen de salpas (ver filmación al final de esta entrada), que con sus costumbres alimenticias basadas casi en su totalidad por vegetales, disfrutan de lo lindo arrancando con sus redondeadas bocas el alga adherido a la roca.

La visibilidad está condicionada por los pequeños trozos de alga y planta que arrastra la corriente, lo cual dificulta la calidad de mis imágenes pero sirve de alimento a los peces que voy observando.
Finalmente me acerco a la rompiente y me encuentro con un compacto grupo de sargos que se acercan a mí de cara para luego hacer un quiebro y mostrarme sus brillantes lomos antes de desaparecer de un golpe al unísono de sus aletas caudales.

video submarino: http://www.vimeo.com/14521077
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Cuando nos adentramos en el fondo marino y observamos el comportamiento de las diferentes especies, no siempre es necesario buscar de entre los ejemplares de mayor tamaño. De las cosas pequeñas podemos aprender mucho.
El año pasado ya tuve ocasión de poder fotografiar algun individuo del género tripterygion. Es una especie cuyo macho se distingue mucho de la hembra debido a que muestra unos colores cálidos que van del amarillo vivo al rojo más fulgurente. La variedad tripteronotus es la que ya conservaba en mi archivo fotográfico, pero en mis últimas apneas he podido disfrutar de la compañía del "tripterygion delaisi", quizás no tan vistoso, pero no menos atractivo en cuanto a sus tonos mimetizados con el fondo marino.

En el apartado de los góbidos pude acercarme al escurridizo gobius bucchichi, un pez que vive entre la anena o fino cascajo y la piedra del fondo submarino. Tambien, como mostré en una entrada anterior, lo podemos encontrar cerca de la anémona "fideo de mar". Los góbidos pueden desaparecer de nuestros objetivos de un solo golpe de cola de su redondeada aleta caudal.

Por último, de entre los peces más pequeños, no podía faltar a nuestra cita la familia de los blénidos. Así, de un solo golpe de mis aletas y repasando el fondo marino que casi toca a la superficie, puedo encontrar un parablennius pilicornis moviéndose cerca de su redondeado escondrijo...
refugio que adopta a la perfección la forma redondeada de su cuerpo. Se esconde rápidamente en su cueva, pero aparece pocos segundos después asomando su "cornuda" cabeza y demostrando que su curiosidad casi no tiene límites. Incluso los restos de una ostra vacía pueden servirle de hogar.

De todos los animales invertebrados marinos, sin duda, el octopus vulgaris, pulpo, es el más inteligente. Forma parte de la familia de los cefalópodos, la cual reune principalmente a las sepias y los calamares con esta especie tan conocida. Y desde luego hace honor a su nombre: es cabeza y pies. Inteligencia y fuerza para sujetar y moverse.
Todo el mundo distingue al pulpo como un plato sabroso en la mesa, pero ignora su comportamiento en su estado natural. Es un experto en camuflaje. Imita a la perfección el color del fondo en el que se oculta e incluso su puel adopta las mismas rugosidades que la roca sobre la que se sustenta. Además es un buen depredador, capaz de atacar a su presa, crustáceo o pez, en un santiamén.
Pero lo que más distingue al pulpo de las demás criaturas es su inteligencia y su capacidad de conseguir lo que necesitan para subsistir a través del raciocinio.

En mi último paseo submarino pude encontrarme con un ejemplar de pulpo mientras construía su "refugio". El pulpo acostumbra a recoger pequeñas piedras recondeadas y de tonos claros para tapar su casa. Además, tiene una afición que le lleva a su perdición muchas veces. le atraen los colores brillantes. Por eso se utiliza desde tiempos inmemoriales una cucharilla atada a unos anzuelos. El brillo metálico hace que el cefalópodo le ofrezca un abrazo póstumo.

En el caso del ejemplar que vemos en mis fotografías, además de la piedra que aparece sobre su cabeza, había arrastrado hasta su escondite un reluciente plomo de pesca de superficie, seguramente perdido en el fondo marino pocos días antes a juzgar por su brillo.
El metal pesado y contaminante será el compañero de fatigas del pulpo. La muestra evidente de la realidad actual del ecosistema submarino: una imperfecta simbiosis entre el residuo venenoso humano y el animal.

En la pequeña filmación que muestro para finalizar, podemos ver cómo reacciona el pulpo cuando acerco mi mano para separarlo de su peligroso talismán:
http://www.vimeo.com/12896906
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Uno de los rincones que todavía conservan su atractivo real, y un fondo marino comparable a las mejores calas menorquinas es Cala Vidre en l' Ametlla de Mar. Este días he tenido la oportunidad de sumergirme una vez más bajo su superficie la mayoría de veces cristalina. Pero esta vez no he tenido suerte y Cala Vidre no ha hecho honor a su nombre, los restos de una resaca habían levantado su fina arena, enturbiando la visibilidad.

Mi recorrido empieza escondido, agazapado tras una enorme roca para observar a un grupo de salpas jóvenes que juegan bajo la espuma y buscan los restos de vegetación que está en suspensión y que condiciona negativamente mi trabajo fotográfico. Los peces no me ven, yo si puedo contemplarlos tranquilamente tras mi parapeto. Realizo unos cuantos 'disparos' y segundos después siento aquello que tanlas veces hemos notado los apneistas bajo el mar: alquien nos observa. Los límites de visión periférica de mis gafas són limitados, por lo que giro mi rostro hacia la derecha instintivamente y es cuando me encuentro con un numeroso grupo de pequeñas lubinas (ver post anterior) que me observan casi rozando mi neopreno. Cuando hago el gesto de captar esa imagen, golpetean sus aletas caudales y desaparecen poco a poco hacia el fondo arenoso.

Finalmente, me muevo sobre la gran pradera de posidonia (buscar post 'posidonia, la planta de los dioses') y compruebo satisfecho que se conserva en buen estado de salud y los peces bentónicos se refugian en su interior, haciendo que la cadena alimentaria submarina subsista.
Aqui tenéis mi pequeña filmación de la jornada:
http://www.vimeo.com/11403857

Después de un invierno gélido, con continuados temporales de levante y gregal en nuestra costa, empezamos a notar que las especies submarinas se dejan ver en el fondo del litoral de Barcelona.
La temperatura del agua está un par de grados más fría que en años anteriores para esta época primaveral. Sumergirse estos días es como bucear en pleno invierno.
Una vez más he cogido mi cámara submarina, me he forrado de neopreno hasta las cejas, y me he delizado lentamente bajo la superficie Azul.
Lo primero que he intentado es quedarme quieto entre el fondo rocoso. después he utilizado una técnica de "reclamo" que los apneistas y pescadores submarinos conocemos muy bien: chasquear la lengua varias veces produciendo un ruido que a los peces les suena a sonido de otro mundo: el resultado ha sido bueno... a los pocos segundos ha hecho acto de presencia un llobarro (lubina) dicentranchus labrax, de buen tamaño (fotografía superior). Me ha observado un instante con su mirada depredadora. parecía decirme: "¿Qué haces tú, extraño pez de piel oscura, en mi territorio?"
El recorrido submarino me ha llevado hasta algunos grupos dispersos de espáridos como el sargo común; especie que empieza a ser muy visible a medida que el agua va recuperando temperatura más suave.

Todo es cuestión de tiempo. El mundo submarino también tiene su periodo de letargo, de espera... Pronto la primavera llegará también al fondo mediterráneo y sus habitantes se despertarán, desperezarán y su actividad empezará a ser frenética y sin pausa. Incluso los esquivos lábridos como el tordo de la imagen inferior empiezan a dejarse ver, para la alegría de los que no podemos vivir sin dejar de observar y sorprendernos de la infinidad de sorpresas que esconde ese mundo vecino al nuestro.

(las imágenes de este blog han estado tomadas en la modalidad submarina de apnea, es decir, a pulmón libre)
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Quiero pertenecer a ese mundo sin fronteras; donde sus habitantes se reparten a partes iguales un gran manto azul. Quiero penetrar ese lugar donde la luz es tenue, el silencio habla sin estridencias y el agua es ese plato que posee el condimento perfecto de sal.

Deseo volar entre esos dueños de un planeta azul, ser un pasajero con opciones a llegar a ser tripulante. Mirar sin ser visto. Observar y aprender de un universo misterioso y olvidado. Quiero ser el Ícaro que vuela hacia las profundidades y quema su aliento como prenda de pago por cruzar más allá de la frontera de la llamada de las olas. Porque bajo esa tranquila superficie se esconde un reducto sin odio, ni banderas ni límites impuestos.

Me muero por dejar el mundo seco y abrazar la caricia húmeda que me da la vida. Acariciar su piel azulada y dejar mi cicatriz como estela de barco que cruza un valle inexplorado. Quiero ser el pirata que guarda su tesoro en lo más insondable del abismo, y contemplarlo solo cuando añore contemplar su brillo.

Quiero abandonar la polvorienta tierra...
quiero que mi tierra sea la mar.
http://www.youtube.com/watch?v=3oM7oGnPUhU

Como ya hemos apuntado otras veces, la costa de Barcelona, y en concreto las mismas aguas marítimas que tocan nuestra ciudad, pueden darnos muchas sorpresas en cuanto a encuentros con especies poco comunes. El otro día, mientras mi hijo Marc navegaba frente a la bocana del Port Olímpic siguiendo junto a otros niños un curso de verano de vela ligera, mientras estaban siguiendo las indicaciones de los monitores, vieron una forma oscura y redonda flotando en la superficie. Segundos después observaron que ese "objeto flotador no identificado" parecía moverse... La embarcación semi-rígida de apoyo del grupo se acercó hasta tocar 'eso' y descubrieron que se trataba ni más ni menos que de una tortuga marina adulta, concretamente una especie prácticamente extinguida en el Mediterráneo: la caretta caretta. La subieron a bordo y vieron que presentaba restos de red de pesca enganchados en sus patas delanteras y lo que era más preocupante: un anzuelo de palangre clavado en su cuello y posiblemente una de sus patas traseras estaba rota.
Rápidamente, trasladaron al animal herido a tierra y los monitores del Centre Municipal de Vela actuaron como corresponde en estos casos: llamaron al departamento de veterinarios del C.R.A.M (centre de recuperació d´animals marins); se le hizo una primera cura de emergencia y fue llevado sin demora a la sede situada en Premià de Mar.
Lamentablemente, no es la primera vez que ocurre un episodio parecido en nuestras costas. Las tortugas marinas están siendo aniquiladas sistemáticamente de nuestra mar por causas totalmente humanas: la pesca industrial, la contaminación de las playas que impiden su puesta anual de huevos, el comercio de su caparazón y su carne durante siglos... todo ello hace que la caretta aparezca cerca de tierra en este estado. Algunas incluso mueren al atragantarse después de ingerir una bolsa de plástico que confunden fatalmente con uno de sus alimentos preferidos: la medusa.
Cada vez hay más personas sensibilizadas con este problema, y hay que reconocer que actualmente son los mismos pescadores profesionales los que liberan de sus redes alguna tortuga que ha tenido la mala fortuna de topar con ellas. Pero aún queda mucho camino que recorrer para recuperar este bello y pacífico animal... un ser del que se dice que tan sólo uno de cada mil llega a edad de reproducción.
En nuestras manos está que la caretta aparezca o no, en generaciones futuras, disecada en un museo y expuesta al público como un animal extinguido, como los dinosaurios.
(foto: Toni Fluxà)
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Era una calurosa y soleada tarde de agosto. Todas las barcas habían arribado a puerto. Yo permanecía semi-aletargado, junto a unos amigos, contemplando las tranquilas aguas de los muelles de l´Ametlla de Mar. Las gaviotas chillaban y trazaban vuelos rasantes a la caza de la morralla lanzada por la borda de los arrastreros. La familiar cadencia del ruido de un intraborda nos despertó de la tranquilidad que ofrece el solaz veraniego. Una barca de apenas 7 metros de eslora se acercaba a su amarre; nos llamó la atención un bulto redondo que llevaba abarloado a babor y arrastrado por un corto cabo. Pensé que quizás se trataba de uno de los muchos residuos flotantes en forma de grandes bidones o envases que se enganchan a las hélices de los barcos y que los marineros procuran despejar de la bocana para evitar problemas.
Pero pronto me di cuenta de mi error: Una vez estuvo la motora en su amarre, los tres tripulantes intentaban halar el cabo que pendía de la superficie... parecía que ese enorme bulto se resistía a subir a bordo. Nos hicieron señas para que les ayudásemos y corrimos a su encuentro en el momento en que el barco escoró más de lo normal y zozobró bruscamente a causa del brutal peso del extraño remolque. Tripulación y aparejos fueron a parar al agua en un instante, quedando la embarcación semi-hundida y la cabina y motor completamente anegada. Rescatamos del agua al patrón, que se había golpeado en la caída. A pesar del infortunio, su rostro acusaba un rictus de felicidad poco disimulado. "han sido tres largas horas de lucha con él - me indica, después de agradecerme la ayuda - ... pero ha valido la pena." Dirijo la vista a los restos de los enseres que quedan flotando y contemplo admirado el enorme cuerpo de un atún rojo de grandísimas proporciones. Los curiosos empiezan a agolparse alrededor. Alguien murmura que por lo menos pesa 300 kilos, otros dicen que más... Mientras, al más puro estilo de la novela de Hemingway "El viejo y el mar", el patrón recoge del suelo uno de sus aparejos y, como el caballero que enseña su lanza ante su doncella después de una justa lid, extiende ante los presentes la caña de pescar con la que ha extraído de su oscuro y profundo refugio a la gran bestia. Completamente empapado y tembloroso, se diría que esta captura ha sido un milagro, pero una vez más la mar nos demuestra que la tenacidad y el esfuerzo llevan al logro.
Entre varios hombres, y después de no pocos intentos, logramos por fin que ese preciado trofeo reposase sobre la madera del pantalán. El gran pez casi había logrado arrastrar al barco, pero una vez más el ganador fue el pescador.
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Estamos acostumbrados a encontrarnos a verdaderos expertos en camuflaje submarino, pero esta vez vamos a hablar de una especie de molusco gasterópodo al cual no le importa ni le preocupa nada que le vean lucir sus vivos colores cálidos. Es más: Hacen todo lo posible para llamar la atención. Se trata de los nudibranquios, que, como su nombre indica, se pasean por el fondo marino con sus branquias desnudas. A primera vista parece una especie muy vulnerable al ataque de depredadores mayores (los ejemplares de las fotografías no superan los 10 cm), pero hay que remarcar que esta animal es muy tóxico, incluso podríamos decir venenoso; por lo que el pez que se le acerque atraído por sus llamativo color amarillo y la protuberancia del orificio anal en forma de curioso penacho de inocentes plumas, recibirá una descarga de toxinas que dejararán noqueado al pez, momento que aprovechará para zampárselo tranquilamente.

El ejemplar que tuve la suerte de encontrar en mi recorrido submarino en apnea por las aguas de Barcelona responde probablemente al sub-género de los choromodoris. Se trata de un molusco hermafrodita, curiosamente, y para suerte mía, lo que podemos ver en las imágenes es el momento de la cópula entre dos nudibranquios; se puede observar las ondulaciones del 'pie' sobre el otro congénere.
Visto que tiene una gran capacidad de reproducción, dado entonces que carece de depredadores, o por lo menos de enemigos que se conozcan (el comportamiento de estos moluscos aún se está investigando), se hace difícil comprender que el fondo no esté plagado de estos seres. La respuesta, según los expertos que siguen buscando información, está posiblemente en que es un bicho muy sensible a los cambios climatológicos, es decir, la temperatura del agua juega un papel muy importante en su superviviencia.
El simple hecho de toparme con una especie de la cual todavía se desconocen muchas cosas, añade mucho interés al privilegio que tenemos las personas que nos acercamos, aunque sea de puntillas y silenciosamente, a este mundo misterioso y olvidado que es nuestro ecosistema submarino.

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Los animales marinos no son peligrosos, simplemente se defienden al sentirse atacados por sus enemigos. Sólo el ser humano, el peor depredador en la escala evolutiva, llega más allá al eliminar indiscriminadamente muchas especies amenazadas. En mi último recorrido submarino me encontré con la mirada asustada de la escórpora, especie de la que ya hablamos un poco hace tiempo, pero que esta vez quisiera resaltar, a parte de su gran poder de camuflaje, su poderosa defensa: su espinas tóxicas. Fijémonos en el pequeño ejemplar de la foto superior; su aleta dorsal está completamente desplegada ante mi descarada invasión de su territorio. Sus espinas superiores, junto con las de sus opérculos, causan un dolor terrible al incauto que ose tocarlas. Yo he sufrido en mi propia carne la perforación de una de sus espinas y puede decir que el dolor incluso llega paralizar la mano o la extremidad afectada... es insufrible. En cambio, dentro de ese cuerpo cubierto de agujas ponzoñosas se encuentra un bocado exquisito en cualquier plato que se precie, como por ejemplo, el famoso suquet de peix.

Otro ejemplo de auto-defensa es el caso del cangrejo. En este caso podemos admirar uno de tamaño apreciable que me encontré casi saliendo del agua, al final de mi recorrido bajo la mar. El tamaño de su caparazón era de unos 10 cm de ancho y su pinza derecha (acostumbran a tener una más grande que la otra) tenía el grosor de mi dedo pulgar. Al sentirse amenazado por el objetivo de mi cámara, arremetió contra ella cerrando sus tenazas en la correa que sostiene la carcasa estanca. Si llega a pillar mi dedo índice, que estaba apretando el disparador, seguro que en el momento de escribir estas palabras tendría un dedo vendado (foto de arriba).
También podéis disfrutar de una pequeña filmación que hice momentos después de las fotos:
http://www.vimeo.com/5168850
Por último os muestro otro tipo de defensa pasiva: la pigmentación. Fijémonos en el gobio de la imagen de abajo; segundos antes de hacer la foto se encontraba bajo un fondo de arena blanca. Al acercarme a él, de un golpe de cola se desplazó hacia en tipo de fondo que vemos en la fotografía: finas y redondeadas piedras oscuras. Pues sus escamas, al cambiar de territorio, fueron variando de tono cromático pasando del blanco hasta el marrón oscuro. Os aseguro que a más de un metro de distancia, si no se es una persona acostumbrada a distinguir especies marinas, es casi invisible.

(este reportaje es el resultado de fotografías tomadas practicando apnea, es decir, a pulmón libre).
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Lo primero que siento cuando me sumerjo bajo el manto azul es que cientos de ojos me están observando. Pronto compruebo que se trata de los habitantes silenciosos de este lugar: un banco de castanyoles (chromis chromis) se mece lentamente entre dos aguas... a mi alrededor (foto de arriba). Su color oscuro contrasta con el azul eléctrico que adquieren cuando son alevines, la alegría de todos los fotógrafos submarinos. Es un pez que se mueve en el agua con unos movimientos muy característicos: con cortos golpeteos de su aleta caudal, cerrándola como si fuesen unas tijeras. Observo que una vez más el agua está turbia, lo que dificulta mi labor. Aleteo unos cuantos metros más profundo, allí me encuentro de cara con un cazador: un ejemplar de llobarro, lubina, (abajo) me mira curioso y de un golpe de cola desaparece. Sigo alargando mi apnea, permanezco quieto, y se cumple una vez más la tendencia de los serránidos: dar una vuelta y volver al mismo lugar. No me lo pienso dos veces y disparo... mi flash lo asusta y el cazador se convierte en cazado; aunque esta vez sea tan sólo para que me preste su silueta.

Lo mismo hacen unos cuantos congéneres que pasan frente a mí, acompañados por un sargo y una salpa. El grupo es de tamaño reducido, pero también logro 'pescarlos'. Observemos cómo los ejemplares más jóvenes de llobarro (imagen inferior), aún lucen un signo inequívoco de su reducido tamaño: las pintas negras sobre su lomo, las cuales desaparecen después del primer año de vida.

Me muevo lentamente una vez más cerca de la superficie, bajo la espuma que choca contra los bloques del espigón de la gran ciudad, Barcelona. Allí me encuentro con un par de lábridos, thalasoma pavo, que, como ya explicamos en otro reportaje, lucen sus bellos colores, jugueteando junto a un grupo de espáridos (última fotografía).

Todo esto ocurre cada día bajo los grandes edificios de la gran urbe. Un mundo silencioso, precioso, misterioso... y olvidado.
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Aunque la temperatura del agua sigue estando relativamente fría (17-18º C.), ya empieza a haber movimiento en nuestra costa. Después de bucear un rato por los espigones de Barcelona, he podido comprobar que los peces que acostumbran a aparecer en verano, como los espáridos de tamaño apreciable, empiezan a desfilar frente a mí. Incluso he tenido la oportunidad de fotografiar el primer llobarro (lubina) del año. Me ha costado mucho, guardaba mucha distancia. Lo que demostraba que yo no era el primer humano que se le acercaba... por eso la foto está mal encuadrada (foto inferior).

No han dejado de faltar las típicas vidriadas y sargos los cuales, a pesar de encontrar una vez más el fondo marino con poca visibilidad, han lucido sus formas para este pequeño reportaje (foto inferior).

Lo que me ha alegrado encontrar esta vez ha sido un vuelo de mabras (lithognathus mormyrus) jóvenes, una especie que aún no habia fotografiado. La mabra es un pez exquisito, su carne es muy apreciada entre los pescadores de superficie. Su lomo está atravesado por unas rayas negras, lo que le da un aspecto atigrado o tropical. Acostumbra a moverse por encima de fondos arenosos y tiene la particularidad de albergar un parásito comensal en su boca, el cual se alimenta de los restos de comida que desperdicia este pez (foto inferior).

El submarinismo en apnea siempre tiene sus recompensas, y la fotografía submarina es un verdadero placer para los ojos del que lo observa y un afortunado aquel que descubre sus misterios.