El garbí perfecto para navegar

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Port Olímpic de Barcelona, 7 junio de 2010. A bordo del "Marestany"

 

 

Cuando llego al amarre, oigo como repiquetean las drizas de los demás barcos contra los palos. El tintineo típico que he escuchado tantas y tantas veces cuando aparece el viento de garbí que ameniza las tardes anticiclónicas. Hoy sopla con una intensidad perfecta para salir a navegar a vela.

Toni me recibe con el motor intraborda ronroneando y empezando a largar amarras, ansioso como yo para salir a mar abierto.

Pronto la proa del Marestany divide las aguas y recorta a la perfección las crestas de ola que el viento de 15 a 20 nudos provoca. Tomamos rumbo 90º; tomo el timón y sentimos una vez más el impulso mágico del dios Eolo. El barco escora a babor y avanza a 6 nudos de velocidad. Nos sentimos satisfechos por haber limpiado la obra viva (parte sumergida del casco) de incrustaciones.

 

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Nos turnamos en el gobierno del barco, nos gusta sentir cómo la orza trabaja y compensa la escora, cómo el agua corre y resbala por el casco...

 Sin apenas darnos cuenta, estamos a 3 millas de la costa. En estos momentos nos aparece en la mente el mismo pensamiento, un sueño fugaz: "Sigamos con el mismo rumbo. No volvamos a tierra..."

Pero es muy fugaz. A pesar de nuestra libertad, también somos esclavos del tiempo y vasallos del mundo seco. Hacemos un par de bordos, una trasluchada. En una de las maniobras, estamos tan emocionados que no observamos un problema a bordo: el motor auxiliar "seagall", una reliquia de la II guerra mundial que conservamos como oro en paño y que mantenemos trincado en el balcon de la aleta de estribor, se desprende por un golpe de ola y a punto está de perderse en el Azul si no llega a ser por un acto reflejo rápido de Toni. Tomamos nota del susto para sujetarlo al candelero cuando arribemos a puerto.

Enfilamos y tomamos proa hacia la bocana. Nos aproamos al viento y arriamos la vela génova. Arrancamos el motor, rompemos el silencio y el encanto y... volemos a la realidad diaria.

 

video de la jornada:

 

 http://www.vimeo.com/12372943

 

El Marestany navega de nuevo

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A bordo del "Marestany", Port Olímpic,29 de mayo de 2010.

 

Después de un largo letargo, el "Marestany" cruza la bocana del Port Olímpic y pone rumbo hacia la línea que une el cielo con la mar. Nuestros corazones palpitan rápido, mucho más que la cadencia suave de las olas que hoy mecen nuestro barco. Por fin hemos podido subsanar la avería del intraborda que nos mantenía sujetos involuntariamente a puerto. Una temporada que se hacía demasiado larga para dos argonautas acostumbrados a sentir cómo el agua salada corre bajo la quilla.

Cuando las amarras mantienen quieto más de lo normal a un barco, los cabos se convierten en raices que sujetan el casco como si fuese un árbol, formando parte de la tierra. Pero hoy nos sentimos una vez más libres, completos, y satisfechos. Volvemos a sentir la fuerza del viento sobre las velas... notamos que una energía casi mágica nos transporta. Nos volvemos a sentir lo mismo que debieron vivir los primeros argonautas.

El suave chapoteo del agua cuando el pantoque acaricia las olas, el chirriar del winche al tensar la escota, y el tacto de la caña del timón en la mano... poesía pura

No hay ruido fuera de lo normal, ni velocidad desmesurada; tan sólo agua, barco y aire. Elementos indispensables para que el ser humano vuelva a sentirse parte del cosmos.

 

 

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mamíferos marinos y peces luna

dieciseis de mayo de 2010, abordo del "Apnea V".

 

Ilusionados por los últimos encuentros con ballenas a poca distancia de Barcelona, soltamos amarras mi hermano Joan Carles y este argonauta a las 8:00 h de la mañana para tomar rumbo 150º hasta donde se pierde de vista la tierra, al encuentro de estos grandes cetáceos.

Mientras vamos dejando la costa atrás, observamos los numerosos restos de basura que los últimos días de lluvia ha dejado en la superficie del agua. Nuestra enfilación se ve momentaneamente cambiada por estos residuos flotantes.

Poco a poco, el color de la superficie marina va cambiando... va adoptando un tono más marino, aunque observamos algo que ocurre en esta época: el tono un tanto verdoso del agua, indicando la gran cantidad de plancton que guarda el fondo del Azul.  El día es claro, u n moderado viento de mestral, hace que la motora de apenas 6 metros de eslora cabalgue sobre las aguas. Un acusado mar de fondo acompaña nuestra andadura.

 

 

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Pronto avistamos un pez luna (mola mola) de tamaño mediano. El pez luna tiene la forma más curiosa de todos los peces que he visto bajo el agua salada. Un ojo enorme, unas aletas dorsal y anal alargadas, un color grisaceo que recuerda el satélite que lleva su nombre... y unos andares lentos y curiosos únicos en los animales marinos pelágicos... es un gran depredador de medusas (que encontramos en grandes cantidades, sobre todo del tipo velela) por lo que tiene un papel muy importante en la cadena trófica, a falta de otro comedor de medusa, como el atún o la tortuga caretta. Lo triste es que este tranquilo pez, muchas veces es arrollado por la hélices de las embarcaciones poco observadoras de lo que flota sobre la superficie. También en verano, al acercarse mucho a la costa, es confundido con facilidad por un tiburón, al dejar su aleta dorsal visible fuera del agua como podemos ver en la imagen inferior.

 

 

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Al trote sobre las olas, ahora con más resaca que viento del NW, seguimos encontrando más peces luna y tomamos varias filmaciones (ver enlace al final de este post), aunque los continuos movimientos de la motora no ayudan a captar imágenes de calidad por esta vez.

Cuando estamos en el punto más alejado de la costa, a 20 millas, y cuando empezamos a desmoralizarnos, el Mediterráneo nos brinda el mejor regalo: un grupo de delfines molares se acerca a la proa, juega con los golpes del pantoque, escoltan las amuras... dan saltos... Nos dan una lección: ellos son más veloces, más aerodinámicos... y llevan millones de años de experiencia en el Azul. Totalmente excitado y emocionado, contemplo y disfruto de los movimientos de estos mamíferos. Se colocan a tocar de la proa... salen disparados... y vuelven de cara al barco a rumbo de colisión como perfectos torpedos. Finalmente dan un quiebro y vuelta a empezar. No hay palabras para describir esto, ni imágenes que igualen lo que vemos. Entre la espuma que salpica mi objetivo y los saltos que da la motora, intento filmar lo que puedo (ver enlace inferior).

 

 

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 Las millas van pasando bajo la quilla; seguimos la costa a la distancia antes mencionada pero ahora rumbo más al sur. Ni rastro de grandes cetáceos. Enfilamos hacia la costa hasta el lugar de los últimos avistamientos, entre 11 y 5 millas de la costa de nuestra ciudad. Cuando llegamos mas o menos a las coordenadas, cuesta creer que los gigantes roncuales pasen tan cerca de la gran urbe. Pero es así, las imágenes tomadas tan solo 15 dias antes lo demuestran: espectacular testimonio, dos roncuales comunes, de unos 15 metros de envergadura (pueden llegar a medir más de 20 metros) se pasearon frente al Apnea IV dejando una filmación para la historia gráfica ( ver enlace al final del post).

Son unas criaturas inteligentes, respiran como nosotros, hacen apneas, forman familias indivisibles y nos enseñan que hay mucho que aprender de su ignorado hábitat, los mares y océanos de la tierra... mundos aún por descubrir.

 

 

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Pero esta vez no tenemos suerte. Desgastamos nuestras pupilas oteando el horizonte, nuestra vista nos traiciona y vemos formas donde no hay nada... son los espejismos de los navegantes enmedio del desierto Azul.

En nuestra mente queda el recuerdo de la familia de delfines que nos ha acompañado y la caricia del viento de mestral.

Enfilamos hacia puerto y ya estamos haciendo planes para la nueva salida que nunca sabremos cuando será.

Nuestra Dama Azul marcará la agenda.

 

videos:

 

delfines:

http://www.vimeo.com/11805888

 

ballenas:

 

http://www.vimeo.com/11502440

 

pez luna:

 

 

http://www.vimeo.com/11807144

 

 

 

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Las últimas tortugas

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Como ya hemos apuntado otras veces, la costa de Barcelona, y en concreto las mismas aguas marítimas que tocan nuestra ciudad, pueden darnos muchas sorpresas en cuanto a encuentros con especies poco comunes. El otro día, mientras mi hijo Marc navegaba frente a la bocana del Port Olímpic siguiendo junto a otros niños un curso de verano de vela ligera, mientras estaban siguiendo las indicaciones de los monitores, vieron una forma oscura y redonda flotando en la superficie. Segundos después observaron que ese "objeto flotador no identificado" parecía moverse... La embarcación semi-rígida de apoyo del grupo se acercó hasta tocar 'eso' y descubrieron que se trataba ni más ni menos que de una tortuga marina adulta, concretamente una especie prácticamente extinguida en el Mediterráneo: la caretta caretta. La subieron a bordo y vieron que presentaba restos de red de pesca enganchados en sus patas delanteras y lo que era más preocupante: un anzuelo de palangre clavado en su cuello y posiblemente una de sus patas traseras estaba rota.

Rápidamente, trasladaron al animal herido a tierra y los monitores del Centre Municipal de Vela actuaron como corresponde en estos casos: llamaron al departamento de veterinarios del C.R.A.M (centre de recuperació d´animals marins); se le hizo una primera cura de emergencia y fue llevado sin demora a la sede situada en Premià de Mar.

Lamentablemente, no es la primera vez que ocurre un episodio parecido en nuestras costas. Las tortugas marinas están siendo aniquiladas sistemáticamente de nuestra mar por causas totalmente humanas: la pesca industrial, la contaminación de las playas que impiden su puesta anual de huevos, el comercio de su caparazón y su carne durante siglos... todo ello hace que la caretta aparezca cerca de tierra en este estado. Algunas incluso mueren al atragantarse después de ingerir una bolsa de plástico que confunden fatalmente con uno de sus alimentos preferidos: la medusa.

Cada vez hay más personas sensibilizadas con este problema, y hay que reconocer que actualmente son los mismos pescadores profesionales los que liberan de sus redes alguna tortuga que ha tenido la mala fortuna de topar con ellas. Pero aún queda mucho camino que recorrer para recuperar este bello y pacífico animal... un ser del que se dice que tan sólo uno de cada mil llega a edad de reproducción.

En nuestras manos está que la caretta aparezca o no, en generaciones futuras, disecada en un museo y expuesta al público como un animal extinguido, como los dinosaurios.

 

 (foto: Toni Fluxà)

 

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El viejo atún y el viejo mar

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Era una calurosa y soleada tarde de agosto. Todas las barcas habían arribado a puerto. Yo permanecía semi-aletargado, junto a unos amigos, contemplando las tranquilas aguas de los muelles de l´Ametlla de Mar. Las gaviotas chillaban y trazaban vuelos rasantes a la caza de la morralla lanzada por la borda de los arrastreros. La familiar cadencia del ruido de un intraborda nos despertó de la tranquilidad que ofrece el solaz veraniego. Una barca de apenas 7 metros de eslora se acercaba a su amarre; nos llamó la atención un bulto redondo que llevaba abarloado a babor y arrastrado por un corto cabo. Pensé que quizás se trataba de uno de los muchos residuos flotantes en forma de grandes bidones o envases que se enganchan a las hélices de los barcos y que los marineros procuran despejar de la bocana para evitar problemas.

Pero pronto me di cuenta de mi error: Una vez estuvo la motora en su amarre, los tres tripulantes intentaban halar el cabo que pendía de la superficie... parecía que ese enorme bulto se resistía a subir a bordo. Nos hicieron señas para que les ayudásemos y corrimos a su encuentro en el momento en que el barco escoró más de lo normal y zozobró bruscamente a causa del brutal peso del extraño remolque. Tripulación y aparejos fueron a parar al agua en un instante, quedando la embarcación semi-hundida y la cabina y motor completamente anegada. Rescatamos del agua al patrón, que se había golpeado en la caída. A pesar del infortunio, su rostro acusaba un rictus de felicidad poco disimulado. "han sido tres largas horas de lucha con él - me indica, después de agradecerme la ayuda - ... pero ha valido la pena." Dirijo la vista a los restos de los enseres que quedan flotando y contemplo admirado el enorme cuerpo de un atún rojo de grandísimas proporciones. Los curiosos empiezan a agolparse alrededor. Alguien murmura que por lo menos pesa 300 kilos, otros dicen que más... Mientras, al más puro estilo de la novela de Hemingway "El viejo y el mar", el patrón recoge del suelo uno de sus aparejos y, como el caballero que enseña su lanza ante su doncella después de una justa lid, extiende ante los presentes la caña de pescar con la que ha extraído de su oscuro y profundo refugio a la gran bestia. Completamente empapado y tembloroso, se diría que esta captura ha sido un milagro, pero una vez más la mar nos demuestra que la tenacidad y el esfuerzo llevan al logro.

Entre varios hombres, y después de no pocos intentos, logramos por fin que ese preciado trofeo reposase sobre la madera del pantalán. El gran pez casi había logrado arrastrar al barco, pero una vez más el ganador fue el pescador.

 

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los nudibranquios: nacidos para ser observados

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Estamos acostumbrados a encontrarnos a verdaderos expertos en camuflaje submarino, pero esta vez vamos a hablar de una especie de molusco gasterópodo al cual no le importa ni le preocupa nada que le vean lucir sus vivos colores cálidos. Es más: Hacen todo lo posible para llamar la atención. Se trata de los nudibranquios, que, como su nombre indica, se pasean por el fondo marino con sus branquias desnudas. A primera vista parece una especie muy vulnerable al ataque de depredadores mayores (los ejemplares de las fotografías no superan los 10 cm), pero hay que remarcar que esta animal es muy tóxico, incluso podríamos decir venenoso; por lo que el pez que se le acerque atraído por sus llamativo color amarillo y la protuberancia del orificio anal en forma de curioso penacho de inocentes plumas, recibirá una descarga de toxinas que dejararán noqueado al pez, momento que aprovechará para zampárselo tranquilamente.

 

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El ejemplar que tuve la suerte de encontrar en mi recorrido submarino en apnea por las aguas de Barcelona responde probablemente al sub-género de los choromodoris. Se trata de un molusco hermafrodita, curiosamente, y para suerte mía, lo que podemos ver en las imágenes es el momento de la cópula entre dos nudibranquios; se puede observar las ondulaciones del 'pie' sobre el otro congénere.

 Visto que tiene una gran capacidad de reproducción, dado entonces que carece de depredadores, o por lo menos de enemigos que se conozcan (el comportamiento de estos moluscos aún se está investigando), se hace difícil comprender que el fondo no esté plagado de estos seres. La respuesta, según los expertos que siguen buscando información, está posiblemente en que es un bicho muy sensible a los cambios climatológicos, es decir, la temperatura del agua juega un papel muy importante en su superviviencia.

El simple hecho de toparme con una especie de la cual todavía se desconocen muchas cosas, añade mucho interés al privilegio que tenemos las personas que nos acercamos, aunque sea de puntillas y silenciosamente, a este mundo misterioso y olvidado que es nuestro ecosistema submarino.

 

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Defensa natural

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Los animales marinos no son peligrosos, simplemente se defienden al sentirse atacados por sus enemigos. Sólo el ser humano, el peor depredador en la escala evolutiva, llega más allá al eliminar indiscriminadamente muchas especies amenazadas. En mi último recorrido submarino me encontré con la mirada asustada de la escórpora, especie de la que ya hablamos un poco hace tiempo, pero que esta vez quisiera resaltar, a parte de su gran poder de camuflaje, su poderosa defensa: su espinas tóxicas. Fijémonos en el pequeño ejemplar de la foto superior; su aleta dorsal está completamente desplegada ante mi descarada invasión de su territorio. Sus espinas superiores, junto con las de sus opérculos, causan un dolor terrible al incauto que ose tocarlas. Yo he sufrido en mi propia carne la perforación de una de sus espinas y puede decir que el dolor incluso llega paralizar la mano o la extremidad afectada... es insufrible. En cambio, dentro de ese cuerpo cubierto de agujas ponzoñosas se encuentra un bocado exquisito en cualquier plato que se precie, como por ejemplo, el famoso suquet de peix.

 

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Otro ejemplo de auto-defensa es el caso del cangrejo. En este caso podemos admirar uno de tamaño apreciable que me encontré casi saliendo del agua, al final de mi recorrido bajo la mar. El tamaño de su caparazón era de unos 10 cm de ancho y su pinza derecha (acostumbran a tener una más grande que la otra) tenía el grosor de mi dedo pulgar. Al sentirse amenazado por el objetivo de mi cámara, arremetió contra ella cerrando sus tenazas en la correa que sostiene la carcasa estanca. Si llega a pillar mi dedo índice, que estaba apretando el disparador, seguro que en el momento de escribir estas palabras tendría un dedo vendado (foto de arriba).

 

También podéis disfrutar de una pequeña filmación que hice momentos después de las fotos:

 

http://www.vimeo.com/5168850 

 

 

Por último os muestro otro tipo de defensa pasiva: la pigmentación. Fijémonos en el gobio de la imagen de abajo; segundos antes de hacer la foto se encontraba bajo un fondo de arena blanca. Al acercarme a él, de un golpe de cola se desplazó hacia en tipo de fondo que vemos en la fotografía: finas y redondeadas piedras oscuras. Pues sus escamas, al cambiar de territorio, fueron variando de tono cromático pasando del blanco hasta el marrón oscuro. Os aseguro que a más de un metro de distancia, si no se es una persona acostumbrada a distinguir especies marinas, es casi invisible.

 

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(este reportaje es el resultado de fotografías tomadas practicando apnea, es decir, a pulmón libre).

 

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La batalla de les illes Formigues

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En la Costa Brava central, a poco más de media milla frente a la costa de Palamòs y pasada la preciosa Cala Castell, podemos contemplar la silueta de las Illes Formigues, unos islotes pequeños (de ahí su nombre), pero con un fondo marino rico en variedad de especies y lugar de peregrinación de submarinistas venidos de toda Europa.

Pero hoy quería dejar aparcado el tema submarino para otro día. Les Illes Formigues fueron escenario de una batalla naval de gran trascendencia en la disputa por la hegemonía marítima del Mediterráneo.

Sucedió en 1285, cuando la Corona de Catalunya y Aragón, gobernada por Pere II el "Grande", dominaba aún las aguas del Mare Nostrum. El rey francés Felipe III se disputaba el trono de Sicilia, en poder del rey catalán. Éste envió a el comandante y marino Roger de Llúria a defensar su territorio, y el azar y los vientos costeros hicieron que las flota catalana y francesa toparan a la altura de estos islotes. La línea de batalla gala era muy estirada; los barcos maniobraron en posición cada uno siguiendo la estela del otro. Roger de Llúria aprovechó para romper la línea por el centro y lanzando una lluvia de flechas a través de la famosa ballesta catalana, utilizada por los almogàvers, sanguinarios mercenarios reclutados durante el reinado catalano-aragonés. Era un arma mortífera; la cual revolucionó el abordaje naval de la época debido a que los dardos eran rectangulares, pesaban más que las flechas tradicionales y alcanzaban grandes distancias.

La flota francesa fue diezmada, completamente aniquilada.

Los testigos mudos de esta batalla, estas 'hormigas' de piedra, parecen hablarme mientras ahora navego a su lado. El suave viento de 'Migjorn' acariciando el acantilado suena como si me susurrase palabras. Oigo los gritos sobre las cubiertas, la palabra compuesta que gritaban los mercenarios catalanes antes de la muerte sangrienta: Despertaferro!! Era el preludio de que algo terrible iba a pasar.

La foto fue tomada hace unos meses, durante otra 'batalla' con los mismos contrincantes. Pero esta vez con carácter deportivo y amistoso. Estuve en la organización de el "Marató Costa Brava", un campeonato de pesca submarina que enfrenta Catalunya contra Francia.

Ocho siglos después de la Batalla de les Illes Formigues, ganaron los franceses...

David Fluxà, argonauta.

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