Mi Dama Azul

Pasar por la quilla

Escrito por midamazul 28-04-2008 en General. Comentarios (0)

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No todo lo que rodea el mundo de la navegación a vela es puro placer. Aunque solo sea de vez en cuando, también toca trabajar duro. Como ya adelanté en un post anterior, cualquier elemento que esté en contacto permanente con el agua de mar está sometido a la influencia de los organismos vivos que hay en este medio natural. Por lo tanto, la obra viva de una embarcación (parte sumergida del casco de un barco) queda sujeta a la formación de algas, parásitos, lapas y cualquier forma de vida que podamos encontrar incrustada en la roca de un acantilado. Todo depende del tiempo que abandonemos el cuidado de esta parte del barco, pero si descuidamos esta tarea de la que hablaremos hoy, la suciedad incrustada en la quilla impedirá que nuestro barco (sobre todo se nota en la vela) avance con normalidad.

Por eso ya hace unos días, Toni y yo dedicamos un día entero a 'rascar' el casco del Marestany. Es uno de los mantenimientos más importantes dentro de las principales tareas a realizar en náutica,y por lo menos toca sacar el barco del agua una vez al año. Los barcos preparados para competir en regatas lo hacen más a menudo, pero como nosotros no tenemos intención de participar en la Copa América ni mucho menos, lo hacemos cuando podemos y cuando nuestro bolsillo nos lo permite, pues hay que decir que el uso de la grúa, carenado, marinería, conexión eléctrica, pintura, etc, cuesta un pastón, y cada día que el barco pasa fuera de su amarre la factura se engorda. Por eso los dos tripulantes del Marestany coordinamos y repartimos el trabajo para tenerlo a punto en el mínimo de tiempo posible. Debo decir que también jugamos con un poco de ventaja respecto a los demás barcos, ya que al ser grandes aficionados a la apnea y al submarinismo, durante toda la temporada hacemos varias inmersiones bajo el casco con una rasqueta para repasar las partes 'vitales' como el timón, orza y hélice. De esta forma nos ahorramos una subida de grúa. Pero cuando el agua empieza a subir de los 19 º, es inevitable que el llamado 'caracolillo' se forme. Por eso antes de que la mar llegue a la temperatura más alta, es necesario rascar y pintar el casco.

Una vez el barco está amarrado bajo el muelle de la grúa, se pasan dos enormes cinchas bajo el casco las cuales quedan bien sujetas al gancho del elevador. Todos los pasos hay que hacerlos de forma correcta, pues un error puede significar la pérdida del velero o, lo que es peor, la vida de una persona (este velero pesa más de ocho toneladas). El siguiente paso es dejar el barco suspendido a ras de suelo para apuntalarlo. Llegados a este punto, ya podemos ponernos manos a la obra. Lo primero es comprobar que el casco no esté dañado por un golpe o tenga síntomas de ósmosis (ver post "La aluminosis de los barcos"). Satisfechos, vemos que la 'barriga' del Marestany goza de buena salud. Posteriormente a esto, repasaremos los ánodos, que son unas piezas de zinc las cuales van sujetas normalmente al eje de la hélice o al timón (cerca siempre de las partes de hierro) y sirven para evitar la electrólisis y corrosión de las piezas metálicas sumergidas. Aprovechamos para cambiar el ánodo del eje, pues ya empezaba a estar desgastado. Después empieza lo más duro: rascar con una espátula todo lo que hay incrustado en el casco, que no es poco. Hay que trabajar con guantes, ya que las incrustaciones nos pueden dejar los nudillos en carne viva en cuestión de segundos. De ahí que en las películas de piratas siempre castigaban a los rebeldes "pasándolos por la quilla", pues largaban un cabo con el pobre condenado atado y lo corrían de proa a popa. Contando cómo debían estar los cascos de los barcos que navegaban por el Caribe en aquella época (llegaban a criar hasta percebes), ya os podéis imaginar como quedaba la carne de los amotinados... Los tiburones hacían el resto al oler la sangre (ver film "Rebelión a bordo"). Una vez hemos rascado toda la obra viva, (se necesitan unas cuantas horas) incluyendo orificios de grifos de fondo, corredera y demás huecos difíciles pero por donde también se cuelan parásitos, llega el momento de inspirar aire profundamente: el ambiente huele a marisco. Una alfombra de organismos vivos ha quedado bajo nuestros pies, crujiendo a nuestro paso. Si observamos bien, encontramos de todo, desde un espirografo, hasta incluso algún pequeño cangrejo que vivía de ocupa y viajando de gorra.

Terminado este apartado, pasamos a darle a la pistola de agua caliente. Se trata de lanzar agua a presión accionada por un compresor. Compruebo que el chorro sale con tanta fuerza que la pistola tiene un retroceso al apretar el gatillo. Procuramos no ponernos delante no sea que nos hagamos una limpieza de cutis indeseada. Pronto la superficie de la fibra está limpia de los restos de moho y demás suciedad que quedaba por sacar. En condiciones normales, habría ahora que esperar a que se seque todo para empezar a pintar, pero como el tiempo es oro y el sol se nos ocultaba por poniente, secamos la obra viva con paños y la brisa hizo el resto.

Por fin llega el momento de pasar la pintura por el casco. El hecho de que la pintura que se utiliza en náutica valga cinco veces más que la terrestre, es debido a que contiene un compuesto químico que repele a los parásitos que se adhieren. Aunque la mar desgasta todo y el efecto se acaba al cabo de seis meses aproximadamente. Además, los productos modernos añaden un sistema auto-pulimentable, lo cual quiere decir que no requiere que lo pulamos en tierra, cuando el barco navega, se pule automáticamente. Nosotros procuramos alargar al máximo la pintura para no emplear muchos potes y procurar no desperdiciar ni una gota.

Terminamos el trabajo a las doce de la noche, agotados pero contentos. Ya tenemos el barco a punto para las aventuras de este verano. Una buena ducha, donde comprobamos que los pegotes de pintura no se nos van ni a tiros (¡Claro! como que es resistente al agua...) y una cenita en el restaurante más barato del Port Olímpic, "Il Passatore". "¿Querrán postre los señores?" "No gracias, nos acaban de pasar por la quilla los bolsillos..."

 

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El mundo desconocido

Escrito por midamazul 28-04-2008 en General. Comentarios (0)

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Como no podía ser de otra manera, durante estas vacaciones también me he sumergido bajo el gran manto del Azul. Mientras millones de personas recorren miles de kilómetros para visitar lugares exóticos y distintos, este argonauta simplemente se ha dedicado a traspasar el fino umbral que separa el mundo terrestre del mundo submarino. Un planeta todavía desconocido e ignorado por la mayor parte de las personas.

 

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Una vez más, junto a mi hijo Marc, paseamos entre la gran variedad de especies que aún se conservan en nuestro sobre-explotado Mediterráneo. Además de los peces que acostumbran a acompañarnos durante nuestros matutinos recorridos, pudimos admirar un vuelo de bogas, las cuales nos observaban con sus grandes ojos, como intrusos en un país que nos es ajeno. También logré fotografiar a un mollet (salmonete) escarbando con sus barbas entre el fondo arenoso.

 

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Otro día, sorprendía a un burret (góbido) mimetizado hasta casi adquirir una inusual tonalidad albina entre el fondo de cascajo blanco. Es admirable cómo algunos peces utilizan la defensa del camuflaje para escapar del depredador.

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Más tarde topé con dos peces en plena disputa territorial: una doncella y un tord (lábridos), ambos luchaban por hacerse un refugio propio en uno de los muchos agujeros que forma el suelo rocoso. Esta familia debe su nombre, 'lábrido', a su prominente boca en forma de labio curiosamente carnoso. Cuando está en época de freza, es habitual encontrar al macho desarrollando todo su colorido (un arco-iris imposible de plasmar en un lienzo) y realizando una serie de movimientos 'sensuales' enseñando sus labios hacia arriba.

 

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Todo este inhóspito mundo nos espera frente a nuestras costas. Cada día, una lucha diaria por la supervivencia. Yo soy simplemente un cronista que penetra por unos momentos enun país de sorpresas continuas. Capto imágenes que acercan un mínimo a la realidad que ven nuestros ojos... Hay que vivirlo.

 

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Ya lo expliqué otras veces, no es nada fácil fotografiar bajo la superficie del agua. Este humilde reportaje es una pequeña muestra de lo que esconde la mar. La punta del iceberg.

Toda una lección para el mayor depredador, el hombre.

 

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Una salida improvisada

Escrito por midamazul 27-04-2008 en General. Comentarios (0)

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Viernes, dieciocho de mayo de MMVII. Port Olímpic, Barcelona.

A bordo del "Marestany"

Hoy hemos improvisado una salida a vela. Lo venimos haciendo muchos viernes, pero estos últimos días estamos mi hermano Toni y yo pendientes de sacar el barco con la grúa y mantenerlo en suspensión un par de jornadas para limpiar la obra viva (parte sumergida del casco) y habíamos pospuesto la navegación para cuando el velero estuviese listo. Pero el fanatismo marinero y las ganas de zarpar han podido más y finalmente hemos dejado que el agua corra bajo la quilla una vez más. Primero hemos tenido que sumergirnos bajo el agua para rascar y desincrustar las incrustaciones marinas que se pegan al casco cuando el agua de mar empieza a calentarse. Esto hace que el barco no se deslice por la superficie bien y vaya perdiendo avance. Por eso es obligado subir el barco una vez al año para limpiarlo y pintarlo. Mientras estamos en lista de espera (hay muchos barcos y una sola grúa), hemos realizado un apaño provisional y hemos rascado con una espátula la hélice, que es la parte que interesa que esté libre de lapas.

Después de una inmersión en las aún frías aguas del puerto, hemos largado amarras contentos y felices de poder escaparnos un rato de la gran ciudad. El día ha sido muy tranquilo meteorológicamente hablando, quizás demasiado, pues soplaba una brisa de sureste demasiado floja para poder disfrutar plenamente de la vela. Pero escuchando música, tomando una cerveza fresquita, tumbándonos desnudos en cubierta, dejando que el corazón baje el ritmo de sus latidos en consonancia con el golpeteo de las olas en el costado, todos los males se curan. La despreocupación total; nadie nos marca el paso ni nos da prisa. Hasta las gaviotas parecían hacer la siesta, meciéndose sobre el tranquilo e inmenso Azul.

El macizo de Montjuic, desaparecía en la popa entre la calima que iba cubriendo Barcelona como si de un fantasmal manto se tratase.

Cuando más tarde hemos arriado las velas y a vuelto a rugir el motor, hemos despertado del sueño de los argonautas al poner proa a la bocana del Port Olímpic.

Ahora solo vivimos y respiramos esperando un nuevo sueño.

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Un encuentro con nuestros antepasados

Escrito por midamazul 27-04-2008 en General. Comentarios (0)

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A pesar de que el medio marino cada vez está más afectado por la explotación desmesurada del hombre, de vez en cuando nos depara agradables sorpresas. Hoy voy a explicar una de las experiencias que guardo en mi mente con más ilusión.

En navegación de altura es relativamente habitual cruzarse con un grupo de delfines que pasan rozando el casco del barco o hacen piruetas con sus estilizados cuerpos, en una demostración de su supremacía acuática. Lo que no ocurre con tanta frecuencia es tener un encuentro con otros cetáceos más grandes, como es el caso de las ballenas. Pero no es ni mucho menos imposible. En mayo del año pasado, el ferry Mil.lenium que hace la travesía de Barcelona a Mallorca chocó contra un roncual de proporciones considerables remolcándolo hasta el puerto. Evidentemente el ejemplar murió, añadiéndose a la larga cifra de víctimas del intrusismo humano en la mar. Este cronista pudo verlo con sus propios ojos amarrado flotando en el Moll de Ponent y, a pesar de que desprendía olor a descomposición que se detectaba a una milla de distancia, los turistas que paseaban a bordo de las 'Golondrinas' exigían a los patrones que variaran su rumbo para fotografiarse junto a sus restos. Yo arribaba después de navegar a vela unos días por la zona costera de Sitges y pude contemplar cómo convertían un triste accidente en un show macabro.

Pero no es de esta lamentable experiencia de la que quería hablar. Hace unos diez años, en una salida de pesca de altura con la motora que tenía mi hermano Joan Carles por esa época, navegábamos tranquilamente en medio de una mar calmada a unas 30 millas de la costa; yo estaba sentado en la proa a la espera de ver saltar del agua algún banco de pescadito azul, claro signo de que podía correr por allí nuestro preciado atún rojo, cuando vi tres bultos parecidos a troncos sobre la superficie justo a rumbo de colisión con nuestra derrota. Avisé rápidamente para que variasen el rumbo. Así lo hicimos y además moderamos la marcha hasta apagar el ruido del motor. Intuíamos que eso que avistábamos no eran troncos a la deriva...

Cuando estuvimos a medio cable de distancia, fue cuando nos dimos cuenta de que se trataba de una familia de ballenas. En un principio las confundimos con calderones, pero más tarde, examinando las fotos (no he podido exponerlas porque no las tengo en formato digital), nos confirmó un biólogo marino que era un encuentro inusual: eran ejemplares de 'ballena de Cuvier'. Las dos más grandes, posiblemente los progenitores, medían casi tanto como la eslora de nuestro barco (ocho metros). Podíamos sentir perfectamente su lenta y pausada respiración casi humana. Sus corazones latían lentamente; los nuestros, rápidamente. Conteniendo el aliento y sin atrevernos siquiera a decir nada, estos antepasados nuestros se pusieron a escasos metros del casco, mirándonos. Tenían todos los rasgos de su especie y pudimos verlo con detalle: el aire de sus pulmones salía a través de sus grandes espiráculos en forma de media luna. La aleta dorsal era pequeña respecto al cuerpo y estirada hacia atrás. Los padres tenían cicatrices en sus lomos indicando que eran ejemplares adultos. Todo esto ocurrió en apenas unos pocos minutos, hasta que se cansaron de contemplarnos y, de un elegante movimiento de sus aletas caudales, desaparecieron en el abismo azul.

Nosotros tardamos un tiempo a recuperar el aliento. Descubrimos que nuestras manos estaban firmemente agarradas al candelero, y fue en ese momento cuando fuimos conscientes de que, si esos mamíferos lo hubiesen querido, con un solo golpe de aleta, podrían haber partido en dos el barco.

Pero ellos nos demostraron que son más racionales que muchos de nosotros...

El cáncer de los barcos

Escrito por midamazul 27-04-2008 en General. Comentarios (0)

En el mundo terrestre es por todos conocido el serio problema que puede tener la estructura de un edificio frente al fenómeno conocido por 'aluminosis'. Pues bien, en la mar también existe su variante en los barcos, y se puede decir que hay muchos paralelismos dentro de las evidentes diferencias. Estamos hablando de la "Ósmosis". El cáncer de las embarcaciones de fibra. Al igual que su variante en el cemento, es muy difícil de detectar a simple vista, y se empezó a conocer en el boom de ventas de barcos en los años 80. La ósmosis es un fenómeno químico que se produce cuando hay un paso recíproco de líquidos de diferente densidad a través de una membrana semi-permeable. No voy a entrar en detalles técnicos, pero la fabricación en serie de cascos de fibra de vidrio ha causado que algunos barcos tengan microburbujas de aire entre las capas de su estructura que, con el contacto constante con el agua del mar, han producido humedad. Esta humedad provoca que dicha burbuja crezca y cause la entrada de agua salada (más densa) dentro del barco. Resumiendo: este fenómeno puede llegar causar el hundimiento de un buque. Eso sí, de forma muy lenta.

Esta patología náutica, como todas las enfermedades, tiene su tratamiento; pero como todas las cosas, requiere su detección a tiempo, es muy costosa y no hay garantía total. Por lo tanto, antes de comprar un barco de segunda mano, hay que asegurarse bien de que no padece ósmosis. Si el grado ósmosis es muy alto, lo detectaremos con un simple vistazo del interior del casco a través de la sentina. Si no observamos nada, no está de más asesorarnos por un experto para que inspeccione meticulosamente la obra viva*.

Otra opción es adquirir un barco de hierro, pero también tiene su problemática (entre otras cosas), la "electrólisis", otro fenómeno que podemos dejarlo para otro día.

En las embarcaciones con casco de madera este problema no ocurre, pero sí podemos decir que, a lo largo de la historia náutica, han pasado fenómenos muy curiosos. Uno digno de mencionar es el que sufrieron los navegantes portugueses en la época del descubrimiento. Las naos se iban a pique de forma misteriosa sin que los maestros carpinteros de a bordo pudiesen hacer nada. Una especie de 'carcoma' marina perforaba la madera inexorablemente las cuadernas de los buques hasta provocar grandes vías de agua. Los argonautas lusos la llamaron, irónicamente, "La Broma", quizás porque todo empezaba con un bichito diminuto que daba risa... No fue hasta muchos años después que se empezó a tratar la madera con resinas especiales para liquidar este organismo destructor.

*parte sumergida del casco de un barco.