Sin aliento

Hay momentos en la vida en que la emoción te deja sin aliento, sin capacidad para respirar... Practicar apnea bajo el manto marino es una emoción, quizás precisamente por eso: porque se practica sin respirar.
Desde el momento en que nuestro cuerpo se deja rodear por el contacto directo del mediterráneo, entra en un nuevo encuentro con todos los seres vivos que habitan en él.
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Un día más he visto y contemplado a sus ciudadanos... y yo he sido un extranjero con caducidad de visado. Pero me he sentido, en esos momentos sin aliento, como uno más de ellos.
Una vez más me he encontrado con mis compañeros de aventuras submarinas: los espáridos como el sargo y la vidriada.
Los blénidos otean ansiosos en la cuspide de las rocas... su cuerpo se endereza como si quisiese desarrollar una precoz evolución bípeda.
Los lábridos doncellas hacen honor a su nombre y pasean sus encantadores colores frente a mi mirada.
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Y mi amigo el pulpo, al cual ya hemos bautizado con el nombre de Tentaclets, me observa desde su refugio y espera a que termine mi sesión de fotografía submarina para jugar conmigo.
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La vida se mide por los momentos en que se nos corta el aliento...
(todas la imágenes submarinas de este blog han estado tomadas practicando la modalidad de apnea, es decir, sin la ayuda de ningún elemento mecánico para respirar)
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